En este nuevo proyecto, Acosta explora la resiliencia humana a través del concepto japonés kintsugi, la técnica tradicional consistente en reparar vasijas rotas con oro revalorizándolas. La artista traslada esta filosofía a cuerpos fragmentados y reparados, cuyas cicatrices se revelan tornasoladas y luminosas, aportando valor a lo vivido y despojando al dolor, las heridas o los duelos de cualquier estigma o vergüenza. A través del simbolismo visual, la muestra reivindica que los procesos de sanación no transcurren en línea recta ni son sencillos, sino que transitan por altibajos necesarios donde cobran vital importancia los límites, el espacio propio, la integración del sufrimiento y la autoaceptación.