Negro Luz es una instalación coreográfica que explora la oscuridad como materia escénica y espacio de percepción expandida. La pieza investiga el contorno como un lugar de diálogo entre presencia y ausencia desde una mirada contemplativa. A través de estados paisajísticos del cuerpo y mecanismos escénicos, la propuesta de Raquel Klein activa una temporalidad suspendida que transforma la percepción y sitúa al espectador en un tiempo de trance.